En los años treinta, los trabajos de Oberth y otros sobre cohetes llamaron la atención del ejército alemán, que en 1932 empezó a trabajar en serio con ellos. El esfuerzo militar daría lugar con el tiempo a las bombas volantes, las famosas Vergeltungswaffe Eins –arma de represalia– 1 y 2, más conocidas como V-1 y V-2, que fueron usadas contra el Reino Unido primordialmente.
Modelos de V-1. (NASA)
Las V-1 fueron diseñadas por los ingenieros alemanes Robert Lussar y Fritz Gosslau, mientras que las V-2 fueron desarrolladas a partir de 1943, por Wernher von Braun y su equipo, a partir de sus trabajos con los cohetes Aggregate 4 (A4). Su esquema era similar al del cohete Saturno V que poco más de veinte años después llevaría al hombre a la Luna. El alcance de las V-2 era de unos 300 km y portaban una cabeza explosiva de una tonelada.
Modelos de V-2. (NASA)
Como sucede incluso ahora, antes de nacer, la “carrera espacial” ya estaba vinculada a las necesidades militares de las naciones que se iban implicando en ella.
Tras la Segunda Guerra Mundial, una guerra fría enfrentó a los EEUU y la URSS. Tras haberse comprobado las posibilidades de los cohetes, la investigación sobre ellos como misiles portadores de cargas explosivas (atómicas o no) se consideró muy importante.
Fruto de ello fue la ‘captura’ y ‘perdón’ de los científicos alemanes que habían trabajado en este tipo de proyectos para los nazis por parte de las autoridades vencedoras, que se los llevaron a sus países para que trabajaran para ellos.
Pese a la guerra, el deseo de salir de nuestra atmósfera estaba tras los pasos de muchos ingenieros y científicos alemanes.
Lanzamiento de una V-2. (NASA)
Así, el cohete A2 alemán, lanzado el 3 de octubre de 1942, se convirtió en el primer proyectil en alcanzar el espacio.




