Los cohetes han interesado desde hace siglos, habiendo sido usados con finalidad militar en la China ya en el siglo XI.
Un cohete obtiene su empuje por la reacción que se produce por la expulsión rápida de gases de combustión desde su interior. Si deben salir al espacio, para ellos es básico superar la llamada velocidad de escape, que es la mínima que se necesita para escapar de la atracción gravitatoria de un cuerpo celeste como la Tierra y que depende de la masa del mismo.
En el caso de nuestro planeta es de 40.320 km/h, lo que equivale a 11,2 km/s.
Julio Verne en su obra De la Tierra a la Luna se imaginaba un viaje a nuestro satélite en una bala hueca impulsada por un enorme cañonazo… Este sistema no hubiera funcionado, ya que en él toda la energía se libera en un instante y los astronautas habrían quedado aplastados por la gran aceleración.
En los cohetes modernos la energía se libera poco a poco, mediante fases, mientras la nave se eleva hacia el cielo escapándose de la atracción terrestre mediante una aceleración más suave que a que se requeriría en un cañonazo.

